Un triunfo para enmarcar

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Odisea del primer bicampeonato de América.

Copa América

Es tan alto el grado de sorpresa dentro de la población del país ante la hazaña concretada el pasado domingo 26 de junio frente al seleccionado argentino, que todo lo acontecido luego del certero zapatazo de Francisco “el gato” Silva no ha diferido de halagos y conmemoraciones para la lista de 23 jugadores que incursionó en tierras norteamericanas y trajo a casa el inédito trofeo que conmemora los 100 años de existencia de la competición.

A pesar de la alegría actual, el giro de las críticas sobre el fútbol nacional en el torneo fue completamente drástico. En un inicio, el despliegue del combinado se prestaba para la generación de tales reproches: desde una fase grupal para el olvido, con una derrota 2-1 frente al mismo rival de la final; una victoria en el epílogo contra Bolivia por 2-1, en lo que de no ser por un “regalo” arbitral el pleito terminaba en empate; y una victoria 4-2 frente a Panamá en donde, si bien se desplegó el buen fútbol que se extrañó en los dos primeros encuentros y se ganó contundentemente, los errores defensivos en los dos goles panameños abrían las dudas en miras a un México que aguardaba como favorita para ganar la llave de cuartos de final y seguir en el torneo. A pesar de ello, una vez más esta generación demostró que está hecha para dejar huella tras huella en la historia del balompié nacional, tanto así que el 7-0 conseguido en Santa Clara no sólo batió los registros, sino que además consiguió despertar el fervor nacional y reencantar a la marea roja.

Las victorias siguientes no generarían más que el aumento del júbilo, tanto con una fundamental semifinal frente a los colombianos, donde se recordará más que lo futbolístico un medio tiempo que llegó al libro de los récords por ser el más largo de la historia (2 horas y 45 minutos dada la fuerte tormenta que atravesó Chicago la noche del 22 de junio), como con la ya mencionada final disputada en el Metlife Stadium de New Jersey, donde la roja supo contener y a ratos mostrar el sello deportivo que desde la era de Marcelo Bielsa es característica: un alto grado de presión, la cual llegó hasta el punto de “reventar” físicamente a la mayor parte del plantel en cancha, como es el caso de Charles Aránguiz, pieza fundamental en el vaivén del mediocampo: “Terminé muy reventado, sobre todo en el alargue. No lograba dar cinco pasos y me venían los calambres. Pero el esfuerzo valió la pena”, reveló a Las Últimas Noticias. A pesar de ello, y como ya se está volviendo costumbre, fue en los penales donde la efectividad surgió de los pies de “la roja”, en una especie de déjà vu de la recordada final del año pasado, ganando así por 4-2 una definición no apta para cardiacos.

Sin lugar a dudas esta es una alegría que, en adición a la de 2015, se prolongará por bastante tiempo entre los más futboleros, ya sea por los que nacieron con estos triunfos como también de aquellos que debieron esperar décadas para ver concretar un éxito nacional. La generación de Alexis Sánchez, Arturo Vidal, Claudio Bravo y compañía, que ya hace bastante tiempo ha pasado a los registros por sus brillantes logros y actuaciones, se enfrentará en el futuro cercano con nuevas fechas clasificatorias para el mundial, como también a una Copa Confederaciones. Una que, si bien es inédita para el seleccionado, no hay dudas que, al igual que las campañas pasadas, la tónica se instalará y darán su mejor versión para importar el trofeo desde tierras rusas.

Por José Ignacio King | thestudentsweekly@hotmail.com

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